“Podemos ser amigos…”

O puede que no. ¿Qué te hace pensar que si tú pones trabas desde un primer momento al conocernos, yo quiera hacerte caso? Ah, nada… Eso creía yo también.

Espera, ponte esto mientras lees. Me apetece amenizarlo con música:

¿Que si me enfado contigo? No, para nada. No me parece un motivo para enfadarme que “me seas sincera” y me digas cosas como que mi edad, mi aspecto, mi forma de ser, o lo que sea no pegan contigo y como mal premio de consolación me quieras hacer la pantomima de ser amiga mia. ¿Que por qué soy tan borde? Bueno, pues ahora te lo cuento.

Soy tan borde porque me da la gana serlo.

En realidad, no estoy siendo borde. Yo también te estoy siendo sincero a tí. Soy exigente con mis amantes y parejas, pero más todavía con aquellas personas a las que llamo “mis amistades”, ¿o qué te pensabas? ¿Que las amistades salen de una negativa a algo más íntimo porque “es mejor que nada al menos”? Perdona que me ría en tu cara.

Acabas de señalarme que no pego contigo, y curiosa contradicción me dices que quieres ser amiga mia. Resulta que para eso, si pegamos. Para eso, no soy tan “lo que sea que era”.

¿Sabes querida? A esto no se le llama sinceridad, sino hipocresía, y es algo realmente gracioso que lo maquilles de sinceridad por mantener tu máscara de “chica políticamente correcta, deseable, con principios y opciones de sobra”. Espera, ¿cómo dices?

¿Que si no tengo amigas que no me haya tirado?

Por supuesto que las tengo, pero son amigas porque se lo merecieron, no buscaron serlo como excusas, surgió así por lo que fuera y se lo ganan cada día. También llamo amigas a aquellas mujeres que son más que eso pero también merecen que las considere amigas. Y eso es lo que les diferencia a mis amigas de ti.

Que ellas no me prejuzgaron en dos charlas, que ellas se dignaron a conocerme, a saber de mi, a mirar más allá de mi apariencia y mi edad, a rascar bajo la superficie, y lo que encontraron les gustó, de una forma o de otra, y simplemente fueron lo que desearon ser. Lo que ambos deseábamos que esto fuera. ¿Captas esta diferencia, querida?

No dijimos “vamos a ser solamente amigos, ¿está bien?“, ni tampoco “esto es solo sexo/un rollo/algo esporádico“. Tengo la suerte -o quizás desgracia- de que me gusta tener cierta implicación con las mujeres con las que me relaciono.

Ahora, probablemente me estés llamando de todo y nada bueno precisamente dentro de tu cabecita, pero sonriendo y poniendo buena cara, pues aun así recordemos que no se te puede notar nada, tu eres sublime, inalcanzable e imperturbablemente serena y graciosa.

¿Pero sabes qué? No me importa, preocuparme no vale ni la mierda que cagas. Siempre he odiado a las personas prejuiciosas y superficiales.

¿Que no te lo mereces, porque has sido maja, simpática, cortés y agradable? Bueno, precisamente ahí veo yo el problema. Has tenido la necesidad de ser cortés para mantener tus dos máscaras, la que ves tu misma y la que ven los demás, totalmente intactas.

Para no salir afectada, dañada, perjudicada o lo que quiera que sea.

Porque no tienes las pelotas que hay que tener para afrontar las situaciones tal como vengan, independientemente de los prejuicios que seguramente te han inculcado o coleccionaste por tu propia mano. Y por eso, no quiero ser tu amigo.

Dime una sola cosa verdadera que hayas hecho para merecerlo, si eres capaz.

………

Yo también sabía que no podrías.

—-

Si, esto que véis es uno más de mis venazos. No tiene un por qué claro, simplemente que estoy harto de ver a personas a priori interesantes, de esas que aportan a tu vida y te enriquecen convertirse en odas a la vacuidad y tener la poca vergüenza de decirte que “seamos solo amigos, aun sin haber llegado a tocar el tema sexual con esas personas. Perdona que te lo diga, pero no me gusta ser amigo de gente con prejuicios.

Soy uno mas de tantos hombres que están hasta las pelotas de ver tonterías como estas todos los días, que de hecho me apostaría las mencionadas a que son responsables de que muchas mujeres no tengan al hombre que quieren, puesto que al chico, y en esto me juego mi palabra prácticamente -siempre que el tio tenga un poco de respeto y amor propios-, no le interesará una más con la que no va a llegar a nada íntimo.

Y todo por culpa de fachadas.

De fachadas, barreras, armaduras, máscaras, prejuicios, muros y bloqueos.

Ahórrate la pregunta del millón, la famosa “pero, ¿tu no tienes amigas?“. Las tengo, son excelentes y fenomenales personas, y todas ellas han hecho algo por llegar a serlo, por ejemplo, llevar años en mi vida. Se me ocurren mas cosas, pero no las contaré.

Espero que mi reflexión sirva de algo a las personas que se dejan, y muy sumisamente, capar por personas que prometieron pero no metieron. Mi culo no se vende, pequeña.

Ni mi autoestima, ni mi amor propio, ni mi respeto personal. No me estás respetando como persona al emitir juicios premeditados sobre mi y sin conocerme, ergo mi conclusión es simple y bastante lógica: no mereces un interés que tú misma no observas. Y FIN.

Kheldar

Publicado por Sergio Melich

Nacido en Guadalajara, (1992). Soy el autor del blog "La Vida es Fluir" y fundador del proyecto homónimo para acompañar a otros en su viaje hacia el Yo Interior. Estudiante de Pedagogía; escritor y comunicador (todo ello por vocación, oiga). Pedagogo por formación y vocación. Apasionado del mundo oriental, la filosofía, la psicología, las terapias naturales y las relaciones. Persona caótica y curiosa por naturaleza (me gusta considerar y evaluar todas las perspectivas posibles para estar más cercano a la globalidad), y gran amigo de la improvisación.

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