En el muelle…

Rinad, era un solitario, tímido y gris, siempre estuvo en secreto en la búsqueda de lo emocionante, de lo que le diera excitación a su vida. Mas no lo había logrado, no hasta el momento en que Vadison, la curiosa y bella primera dama de La Corte vió en sus ojos un brillo listo para ser resaltado y lo invitó la playa donde esa noche descansaba nuestro barco . Ella intuyó que era el momento de que conociera al grupo, era el instante perfecto. Vadison lo había elegido, ya que la esencia y encarnación de aquél que persigue iniciar una nueva vida llena de emociones, aventuras y descubrimiento estaba en Rinad.

Mientras Rinad estaba de pie entre los miembros, nuestro mensajero saltó corriendo entre la oscuridad y se dirigió casi sin aliento al primero que vió, a Kheldar.

– ¡¡Hablan de brujería mi señor!! Dicen que ustedes poseen poderes extraordinarios para atraer a quienes quieran… Hablan de La Chàmbre Ardente, un viejo ritual de brujería en tiempos de El Rey Sol. Era una bruja que preparaba hechizos y pócimas para miembros de La Corte…

Kheldar se levantó y se acercó al mensajero, y le hizo una reverencia burlona que nos sacó a todos los miembros una sonora carcajada.

– ¿Qué palabras son esas? – preguntó Kheldar mientras tomaba un leño encendido de la fogata-. Entonces ahora el simple hecho de que con una mirada podamos acercarnos a una mujer y hacerla mojarse hasta el placer absoluto… ¿Es el producto de la brujería? Amigos, saludad a Kheldar, el brujo que gana el repudio de las masas masculinas por darle a sus mujeres lo que ellos no… ¡ Y teniendo lo mismo entre las piernas!

Todos reímos sin parar mientras Kheldar tomaba el madero en llamas en su mano y hacía ademanes de mago.

– No somos brujos – dije yo con los ojos clavados en la fogata – Aunque el hecho de vivir la vida al máximo y sacar sonrisas hasta de un vaso de agua sea en estos tristes tiempos motivo de admiración y susto para muchos. La Corte vive y seduce lo que guste en su camino. Mujeres, bosques, mares, selva. Somos y duramos amigo Rinad, ese es nuestro lema. Nacimos en mundos distintos, pero fue el mismo mundo el que nos reunió.

Rinad nos miró a todos con admiración, era la primera vez que sentía tanta fuerza en un grupo de hombres, ni siquiera en los momentos que tuvo que sostener el escudo de batalla junto a los guerreros de la ciudad había tenido tales espasmos de energía y placer juntos.

Kheldar caminó hacia él, con una mirada más seria y serena, puso su blanca mano en el hombro de Rinad y le acarició levemente mientras sus ojos se posaban en los ojos del mensajero.

– Verás Rinad, somos libres, nuestro espíritu lo ha pedido. Las ataduras nunca han sido parte de nuestra vida, ni lo serán en nuestra muerte. Cada uno de los que ves aquí, están porque así lo decidieron. Debes de saber que lo único que podemos garantizarte es que vivirás las más grandes aventuras junto a nosotros, no estarás más detrás del placer y la excitación, porque ellos, de ahora en adelante, te seguirán de por vida…

La boca de Rinad pareció entreabrirse,en ese momento Dr Francis me tomó del hombro y se acercó a susurrarme al oído:

– Es un hecho Balleck, Kheldar lo ha convencido. Rinad decidirá cambiar su vida de ahora en adelante, vivirla como la aventura que es, vivirla como un seductor y no como un espectro simplemente. Andará por los siete mares cantando al compás de nuestras victorias y celebrando con ron y doncellas los triunfos de su nueva vida.
Rinad se acercó a James y a Stomp, que tomaban vino mientras vigilaban el barco a la distancia. La luna llena se reflejaba en el mar como una inmensa bola ne nieve entre cenizas.

– Por el amor a todo lo que es sagrado… – dijo entre sollozos de felicidad – ¿Creen ustedes que pueda yo llegar algún día a disfrutar de cada gota de vida como lo hacen ustedes con esa copa de vino?

James sonrió y subió su mirada a la luna, la rueda de plata estaba finamente reflejada en sus ojos y le hacían tener un aura mística alrededor. Stomp, que comprendía lo que ésto significaba, le dió una palmada a Rinad y le ofreció un sorbo de vino. Mientras bebía, Rinad sintió cómo cobraba vida de nuevo, el vino parecía irse a sus venas en lugar de a su estómago… Éste era el momento.

Los pasos de James se unieron a los de Stomp, y ambas siluetas escoltaron a Rinad en la penumbra hacia el centro de la playa, donde otra fogata ardía.

– Es casi medianoche – La voz de Roberto rompió el silencio. – Debemos empezar con el ritual.

Los pasos de los miembros se hundían en la húmeda arena, hasta las olas del mar murmuraban al compás de su caminar. Los Magistrados se acercaban.

La Corte tenía su Concilio esa noche, y Rinad debía ser iniciado.

Un comentario en “En el muelle…

  1. Verás Rinad, somos libres, nuestro espíritu lo ha pedido. Las ataduras nunca han sido parte de nuestra vida, ni lo serán en nuestra muerte. Cada uno de los que ves aquí, están porque así lo decidieron. Debes de saber que lo único que podemos garantizarte es que vivirás las más grandes aventuras junto a nosotros, no estarás más detrás del placer y la excitación, porque ellos, de ahora en adelante, te seguirán de por vida…

    LIBERTADDDDDDDDDDDDDDD

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